El conjunto arquitectónico de Torres do Allo, situado en el ayuntamiento de Zas, en la provincia de A Coruña, es, con toda probabilidad, el primero de los pazos gallegos. Su construcción se remonta más de cinco siglos atrás. 500 años de historia han pasado por las piedras que sostienes aún hoy en día una de las casas señoriales más hermosas de Galicia. En 1492, mientras otro gallego ilustre cambiaba para siempre la historiografía mundial al descubrir el Nuevo Mundo; se finalizaba la construcción de un edificio magestuoso que asombró por su factura y concepción a las gentes del siglo XV.

Dibujo general • © José Manuel Yáñez.

Esta casa señorial de la nobleza gallega era más que un edificio. Constituía en sí mismo una organización social que articulaba a toda la comunidad. Armónicamente integrado en el rural, el pazo solía tener asociados fueros y cotos que eran trabajados por el campesinado, sobre el cual la hidalguía tenía derechos tributarios y hasta jurisdicionales. A pesar de que se trata de construcciones de arquitectura civil, lo cierto es que muchos de ellos conservaban trazos militares como ventanas saeteras, enrejados, y escudos de armas. En el pazo de las Torres do Allo estos elementos están más presentes si cabe dadas las circunstancias que le deron origen.

Vista general

Tras la destrucción por parte de los Reyes Católicos del anterior ‘Castillo del Allo‘, perteneciente a la Casa de Altamira, el conde Lope Sánchez de Moscoso ordenó casar a su hija Berenguela con su “ayo”, jefe del servicio y persona de confianza de los Altamira. Es la hipótesis más plausible para el étimo “Allo” que da nome a este emblemático pazo gallego. Aunque hay teorías que afirman que proviene del latín angelus, refiriéndose a un meandro o curva que hace el río Grande cerca del lugar. El enlace matrimonial con Gómes de Riobóo Vilardefrancos, descendiente de la importante casa de los Pardiñas, lejos de ser un paso atrás para el linaje de los Moscoso, se trató de una jugada estratégica para mantener el poder en la zona. Lope Sánchez de Altamira, como todos los nobles de la época, quiere estar más cerca de los reyes, pero deja en su lugar a su hija Berenguela Sánchez de Moscoso, Dueña del Allo, para la que autorizará la construcción de un edificio señorial semifortificado que exhiba la grandeza de su linaje. Comienza de este modo la historia del Pazo do Allo, a caballo entre un castillo y una mansión renacentista: el primer pazo de Galicia.