En la parte trasera de las Torres do Allo se encuentra el gran jardín del pazo. De diseño barroco, era uno de los lugares preferidos de la familia Riobóo, sobre todo de Víctor López Seoane, afamado naturalista que fue propietario del pazo entre 1870 y 1900. El jardín del Allo ha debido de ser un espacio central en la vida de Seoane, fundamental para sus estudios de ornitología y botánica. Probablemente aquí comenzó a escribir uno de sus proyectos más ambiciosos: editar la primera Historia Natural de Galicia. Puede conocer más detalles sobre esta etapa de las Torres do Allo en la sección ‘Cartas a Darwin’.

De este jardín de recreo que data del siglo XVIII se conserva hoy un gran abeto de Vancouver de más de 20 metros de alto. Un magnífico ejemplar de la conífera de origen norteamericana también llamada ‘abeto gigante’. Este árbol señorial es visible desde varios cientos de metros de distancia, probablemente un efecto buscado para resaltar taodavía más si cabe la posición social de los habitantes del pazo. La parcela nada desdeñable del jardín del Allo está poblada de muchtas otras plantas y un número significativo de manzanos que conforman un lugar muy agradable por el que pasear..